La neblina no nos permite ser objetivos a la hora de percibir el universo que nos rodea. Nuestros sentidos se confunden y nos confunden. Elegir cuál va a ser la verdad sólo dependerá del sentido al que le demos más importancia.
En la neblina elegimos el sexto sentido, ergo seguir nuestro instinto. Pero ¿qué sucede cuando uno se encuentra cegado por el enojo?
Enojarse es opción durante la neblina, pero no nos va a permitir encontrar la salida.
El enojo es neblina.
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